30 de agosto de 2011

rojo

ROJO

A Peter, por enseñarme que los cuentos tienen otro final


Mírala, es tan bonita. Ahí, sentadita, ajena a todo. Pintando. Siempre le ha llamado la atención todo lo que tiene que ver con el dibujo y el arte en general. Creo que sacó la vena artística de su abuelo. Y algo tendrá que ver, digo yo, el batiburrillo de música que escuchaba su madre antes de dormir durante el embarazo. Hay estudios que hablan del desarrollo de diversos sentidos que experimenta un bebé según la música a la que esté expuesto. Mozart, Beethoven, the Beatles...

La habitación en una penumbra nerviosa, Grieg. Concierto para piano en La menor. Mi pequeña gorjea llena de mocos, absorta en sus manos. Ha dejado sus pequeñas huellas por el salón, parece una escena de los 101 dálmatas. Se mueve, esquivando cualquier obstáculo, hasta llegar a la pared, de un blanco diáfano y atrayente.
Mírala, es tan bonita.

Ahora pinta una rosa cuyo tallo no se desviste del rojo de la flor. Rojo. Rojo, todo es rojo. Le pican los ojos y las manitas que usa a modo de pincel la pintan la cara de rojo.
Mírala, es tan bonita. Ajena a todo.
Quizás, su cerebro se esté preparando para bloquear, olvidar, la escena en la que aquel hombre, sorprendido por nuestra presencia en casa, la cogió y, con un cuchillo en su cuellito, me amenazó con matarla si no le daba todo el dinero. No debía de ser de por aquí, porque en este barrio, poco iba a sacar.
Sonó un móvil, un descuido imperdonable por su parte. En ese momento, aproveché su estupor por el fallo y solté a mi pequeña de sus manos para, en seguida, librar una pelea por arrebatarle el cuchillo. Se hizo eterno, no dejaba de pensar en la pequeña; no podía pasarla nada, empezarían mi mujer y mi suegra a despotricar contra mi, a decir que no se me puede dejar solo y bla, bla, bla.

Todo acabó. Mírala, es tan bonita. Se le ha terminado la pintura para acabar su mural ajardinado sobre una puesta de sol. Rojiza. Viene hacia mi gateando y hunde sus deditos en la herida de mi estómago por la que bulle la sangre con falta de hierro. Va a ser una artista. Salta en el Spotify el Bird`s lament de Moondog. Y acaba su dibujo con unas últimas pinceladas tristes.
Rojas. Tristes y rojas, como la lágrima postrera que se pierde entre mi boca ensangrentada.


este relato es mi aportación al Vinalia Trippers, en su número dedicado al horror TRIPPERS FROM THE CRYPT. Más info AQUÍ

2 comentarios:

Antoine Lamarck dijo...

Es un relato hipnótico.
Me encanta.

Ciao.

MA dijo...

¡Terrorífico!